Primero se puede ver cómo el toro corre confundido por la plaza abarrotada de personas que provocan al animal y luego huyen de una posible cornada.
Son imágenes típicas de una «corraleja» o corrida de toros, un espectáculo taurino propio de la costa caribe colombiana que -al menos en su primer tercio- no difiere mucho de los que también se celebran en muchos otros países latinoamericanos.
Los toros no son de lidia, sino que pertenecen a esas razas que se crían por su leche o su carne, mientras que los «toreros» no llevan trajes de luces, sino su ropa de diario.
Y la mayoría está, muy probablemente, intoxicada, pues en este tipo de celebraciones el alcohol corre a borbotones: coraje líquido para toreros espontáneos.
Luego, todo se vuelve un poco más confuso. Y salvaje.
El video muestra primero cómo el toro parece a punto de atrapar a un hombre de camisa rosada cerca de las barreras. «¡Lo mató! ¡Lo mató!», se oye comentar a un miembro del público.
Pero inmediatamente después lo que se ve es a un puñado de personas -hombres y algunos niños- linchando al animal que yace en la arena, de la que ya no volverá a levantarse.
Algunos le tiran botellas, otros parecen atacarlo con objetos corto-punzantes, la mayoría lo patea, saltando incluso sobre su cuerpo exangüe.
«¡El torito!», se oye, angustiada, la voz de otra aficionada.
Y la publicación de las imágenes en YouTube, el sábado pasado, tiene a Colombia debatiendo -una vez más- el tema de la violencia contra los animales en el contexto de los espectáculos de tauromaquia.
Fuente: La Nación







