Renunciar a sus privilegios, reconocer los actos cotidianos de machismo, romper las complicidades de grupo que cosifican a la mujer, aceptar el rol de acompañar en lugar de ser protagonista, son algunas de las prácticas que varones, provenientes de distintas experiencias, reconocen como centrales en la lucha por frenar la violencia sexista y generar una sociedad igualitaria, a dos años de la primera marcha de Ni Una Menos.
«A los varones nos está costando mucho sumarnos a este debate y cuestionar honestamente nuestros privilegios. Hombres y mujeres crecemos con el mandato de que el varón tiene que ser protector, proveedor y violento, es algo que nos inculcan desde niños, que se ve incluso desde el entretenimiento si pensamos, por ejemplo, en cuáles son los juegos para chicos», indicó a Télam el comunicador social Roberto Samar.
Docente de la carrera de Seguridad Ciudadana de la Universidad Nacional de Río Negro, Samar aseguró que «hay discursos que circulan en los espacios de varones que no son los mismos que cuando hay mujeres; entre hombres se refuerza constantemente la cosificación de la mujer, quien cuestiona esto es descalificado por el grupo y quien lo legitima es parte».
En referencia a Ni Una Menos, Samar sostuvo que «aquella enorme marcha visibilizó la potencia del movimiento de mujeres que ya venía creciendo e interesó a muchas personas nuevas, entre ellos algunos varones; pero en líneas generales, sigo viendo una dificultad en nosotros, incluso en los espacios militantes porque no es lo mismo empoderarse para reclamar por un derecho, que avanzar en renunciar a privilegios».
Fuente: Télam







