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Chile: Piñera y Guillier, un choque de visiones para definir al sucesor de Bachelet
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Chile: Piñera y Guillier, un choque de visiones para definir al sucesor de Bachelet

Sumarse a la oleada de centroderecha que recorre América latina o refrendar el camino de la centroizquierda que transitó Michelle Bachelet en los últimos cuatro años. Eso es lo que se empezará a...

Sumarse a la oleada de centroderecha que recorre América latina o refrendar el camino de la centroizquierda que transitó Michelle Bachelet en los últimos cuatro años. Eso es lo que se empezará a definir hoy en Chile, donde 14 millones de personas están habilitadas para votar en unas elecciones que tienen como favorito al ex presidente Sebastián Piñera (2010-2014), seguido por el senador Alejandro Guillier, un periodista que en 2013 se lanzó al mundo de la política.

Ninguno de estos dos candidatos -que ingresarían al ballottage previsto para el 17 de diciembre- ni los otros seis aspirantes, en un abanico ideológico que va desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha, enamora a los chilenos. «Esperamos que vote el 45% de los electores. De ahí para arriba todo será óptimo», dijo, con un halo de resignación, el secretario general de la presidencia, Gabriel de la Fuente.

Si no fuera por algún que otro aviso pago en la radio o la televisión, costaría creer que hoy se decidirá la suerte política de Chile. En las calles de Santiago no hay ningún cartel partidario, y menos aún consignas pintadas en las paredes. Incluso los suplementos especiales de los diarios dedicaban ayer más espacio a las promociones navideñas de los shoppings que a la información política, luego que hace un par de semanas, durante el CyberMonday, el comercio electrónico superó en un 45% las compras del año anterior.

«La sociedad chilena vive un descontento general con todas las instituciones, incluyendo la política», reconoció a LA NACION Osvaldo Rosales, jefe del equipo programático de la candidatura de Guillier.

Pero lo que más preocupa a la alianza oficialista Nueva Mayoría es que los índices de abstención -en un país donde el voto no es obligatorio- son mucho más altos entre las clases bajas, precisamente su gran base electoral. Apenas el 20% de ese sector concurre a votar, contra el 80% de los sectores de altos ingreso.

«El desafío de los partidos de centroizquierda es volver a encantar a esos sectores», señaló Rosales.

Para «encantar» a los electores, Piñera (que según las encuestas lograría un 44% de los votos) y Guillier (23%) presentaron dos propuestas diferentes, pero que aseguran que van por un mismo objetivo: volver a poner a Chile en la senda del crecimiento a tasas por encima del 4% (desde hace cuatro años ronda el 1,8%); reducir la desigualdad y la pobreza (ronda el 12%, la más baja de América latina), y mejorar la calidad del empleo, en un país con un 7% de desocupados, pero con mucho trabajo en negro y bajos sueldos.

Sin embargo, las vías con las que se proponen alcanzar esas metas muestran la brecha ideológica entre ambos candidatos. Por ejemplo, Piñera se propone reducir los impuestos a las empresas, que el gobierno de Bachelet aumentó de 21% a 27%.

«Los incentivos no deben ir a los mismos sectores de siempre, sino a los que generen trabajo para que todo el país se beneficie», dijo Rosales.

«Por eso hay que incorporar nuevos motores de crecimiento, como la industrialización del cobre. Queremos seguir descentralizando la economía. Las industrias generan sus riquezas fuera de Santiago, pero como tienen aquí su casa matriz tributan en la capital. Por último, no compartimos la idea de la derecha de considerar la salud y la educación como bienes de consumo», agregó el jefe del equipo oficialista.

Las ideas de Piñera van por otro camino. «Los empresarios se sentían como parte de la solución y el gobierno de Bachelet los tildó como parte del problema», graficó a LA NACION José Valente, coordinador del equipo económico del candidato.

«Un buen termómetro de esto es que llevamos cuatro años consecutivos de caída en la inversión respecto del año anterior. Los empresarios llevaron sus inversiones a Estados Unidos, Perú y Colombia. Ahora hay que recuperar esa confianza: frenar los impuestos corporativos, eliminar las trabas burocráticas y aumentar la seguridad jurídica de las inversiones», dijo Valente.

Llamativamente, la propuesta de Piñera tiene respaldo no sólo en el mundo empresarial, sino también en los sectores bajos y medios golpeados por el «frenazo» económico.

Marco González (50) trabajaba en el Banco de Chile hasta que en febrero del año pasado, en un recorte masivo, se quedó sin empleo. Sus estudios como ingeniero en negocios y finanzas no le alcanzaron para volver a conseguir un puesto y empezó a desempeñarse como chofer de Uber. «Piñera es el único que puede volver a fortalecer la economía y darnos más seguridad», confió.

Otros, al contrario, miran con temor las propuestas de Piñera. Juan Pablo Rojas coordina el movimiento Deuda Educativa, que agrupa a 1.650.000 jóvenes que tienen deudas con los bancos a causa de sus estudios universitarios. La reforma implementada por Bachelet (gratuidad de la educación) no abordó el problema de quienes ya tenían créditos impagables, y los deudores ven con pánico el ascenso de Piñera, que considera a la educación como un «bien de consumo».

«Él no ve la educación como un derecho. Y frente a este drama social, tampoco tiene la voluntad de sentarse a dialogar. Él es la peor opción para nosotros», concluyó Rojas.

Fuente: La Nación

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