A su llegada a la capilla, el Papa permaneció varios minutos en recogimiento ante la Virgen de Fátima. Los cientos de miles de personas que se encontraban en la explanada y que hasta ese momento habían aclamado al pontífice argentino permanecieron en completo silencio durante estos cerca de cinco minutos.
Después comenzó la oración que escribió para la Virgen, en la que se presentó «como obispo vestido de blanco», según relató la Virgen al referirse al «que caía muerto» en los secretos revelados a los tres pastorcillos y que se interpretó como el atentado a Juan Pablo II en 1981. También se definió ante la Virgen como «un peregrino de la paz» que «actúa en la historia humana», en una referencia a las profecías sobre el futuro del mundo reveladas a los tres niños, Lucía, Francisco y Jacinta, en 1917, y de las que se celebra el centenario.
El Papa después acarició la imagen de la Virgen y donó una rosa de oro, convirtiéndose así en el tercer pontífice que hace este regalo tras Pablo VI, que la envió en 1964 en pleno Concilio Vaticano II, y Benedicto XVI en 2010. Después bendijo a los fieles y abandonó el santuario para descansar una hora en la casa Nostra Senhora do Carmo, donde también pasará la noche, después de regresar a la bendición de las velas y el rezo del rosario. A la capilla Francisco había accedido por el corredor central de la explanada del santuario, que tiene cabida para cerca 300.000 personas, pero muchos más fieles se agolparon en los alrededores, donde se instalaron pantallas gigantes para seguir los actos.
Fuente: Infobae







