Un empleado de una clínica privada de la ciudad de Córdoba fue condenado este martes a dos años y seis meses de prisión por abandono de persona en el caso de Blas Correas, el adolescente de 17 años baleado por la Policía en agosto de 2020. El acusado reconoció que no estaba capacitado para asistir ese tipo de víctimas y se disculpó con la madre del joven: “Hice todo lo que estaba a mi alcance esa noche”, le dijo.
Se trata de Fernando Gabriel Casalino (44), quien trabajaba para la Clínica Aconcagua de la capital cordobesa y recibió una pena de ejecución condicional en el marco de un juicio abreviado. Según aclaró el presidente de la Cámara Octava del Crimen, Marcelo Jaime, el condenado deberá cumplir una serie de pautas y condiciones, entre ellas, realizar un curso de reanimación cardiopulmonar (RCP) y de primeros auxilios, y trabajo comunitario durante dos horas semanales por seis meses.
Semanas atrás, otras dos empleadas administrativas de la Clínica Aconcagua, Paola Mezzaccapo y Guadalupe Moya, fueron sobreseídas luego de abonar una compensación económica.
En el debate de este 17 de octubre, el acusado admitió la culpabilidad y le pidió perdón a la mamá de la víctima, Soledad Laciar, a quien intentó explicar que él no sabía qué hacer porque no tenía capacitación. También le aseguró que trató de ayudar a su hijo cargándolo en el auto para que fuera al Hospital de Urgencias.
El intercambio entre Casalino y Laciar se dio al final de la jornada. El hombre se acercó a la mujer y le dijo: “Soledad sos una luchadora y valoro la garra y esfuerzo que le ponés a esta causa. Hice todo lo que estaba a mi alcance esa noche”.







