«Fue exactamente con la polémica del año pasado que subieron las adopciones», dijo Inés Sánchez, directora de la ONG Proyecto Galgo, creada hace cuatro años, quien evaluó que «en los primeros años cada vez que entregábamos un perro abríamos un champagne, pero el año pasado aumentaron muchísimo», tras la difusión que tuvo el debate en el Congreso, que incluyó protestas de los defensores de las competencias. A los dos campos que la organización tiene en la provincia de Buenos Aires, tuvieron que sumarle otros cuatro refugios en el interior del país donde cuidan a los perros que son abandonados. Sánchez dijo que daban en adopción un promedio anual de 100 galgos, pero que tras la nueva norma calcula que ese número ascendió a 150.
Tres de esos animales son Juana, Zara y Olivia, que pasaron de vivir en la calle al departamento en Recoleta del psicólogo Martín Dickinson, que desde hace dos años comparte con ellos paseos por el Parque Thays, donde llegan a juntarse hasta quince galgos, todo adoptados. «Es fabuloso, porque un día ves a uno paseando con su perro y a los dos meses ya ves que aparece con otro más. Es que con uno solo no te alcanza», se entusiasmó Dickinson, quien después de la muerte de su viejo perro decidió adoptar a Juana y a los nueve meses ya eran tres los galgos que vivían en casa.
Las dos ONG’s trabajan de la misma manera, rescatando los perros que van a parar a las direcciones de zoonosis o que son abandonados en basurales, donde terminan cuando sus dueños no los quieren más porque están lastimados, porque ya no sirven para cazar o se convirtieron en un gasto innecesario desde que las carreras fueron prohibidas. Los perros son recuperados y una vez que están curados y adaptados a una nueva vida se entregan en adopción. Solo en la Ciudad de Buenos Aires existen 430.000 perros según la Encuesta Anual de Hogares 2014 que realiza la Dirección General de Estadística y Censos, lo que reporta que uno de cada dos hogares de Capital conviven con uno.
Pero aunque la ley ya fue sancionada, el de los galgos sigue siendo un tema polémico. Mariana Gurovici tiene un criadero de borzoi, el galgo ruso. «La verdad es que todo lo que se generó con la ley nos perjudicó bastante; siempre estamos en la mira de las protectoras, no es lo mismo nuestro trabajo que un criadero clandestino, nosotros criamos porque queremos mantener la raza», señaló.
Fuente: Télam







