La crisis en el fútbol mundial se profundiza. La Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Fútbol (Concacaf), que agrupa a 41 federaciones, se unió al rechazo del plan impulsado por la FIFA para involucrar financiamiento privado en la Copa del Mundo. Esta decisión llega tan solo horas después del boicot anunciado por la UEFA, consolidando una postura unificada de las confederaciones mundiales contra la propuesta del presidente de la FIFA, Gianni Infantino.
Durante la reunión de hoy entre los presidentes de las 41 federaciones miembro de Concacaf, los representantes expresaron "su profunda preocupación por la falta de garantías procesales, el plazo artificialmente corto impuesto y la ausencia de revisión o aprobación por parte de los órganos de gobierno pertinentes de la FIFA". Además, cuestionaron la necesidad de capital privado para financiar los programas FIFA Forward, considerando que la Copa del Mundo 2022 fue "la más rentable de la historia" de la organización.
La confederación rechazó formalmente la propuesta denominada "FIFA Forward Enterprise", que busca vender participaciones de la Copa Mundial a inversores privados. Concacaf ha instruido a sus miembros en el Consejo de la FIFA para que dialoguen con la organización sobre cómo utilizar las reservas existentes para aumentar la financiación destinada al desarrollo futbolístico en la región, en lugar de recurrir a inversión externa.
El comunicado de Concacaf enfatiza que "el futuro del fútbol y su mayor activo debe permanecer en manos de nuestra familia futbolística". La confederación también ordenó a sus representantes en el Consejo de la FIFA que instruyan al presidente para garantizar que cualquier propuesta siga los procesos de gobernanza adecuados a través del personal y el Consejo, conforme a los Estatutos de la FIFA.
Con esta postura, Concacaf se suma a la UEFA en la oposición a los planes de Infantino. El rechazo coordinado de las principales confederaciones mundiales marca un punto de inflexión en la gobernanza del fútbol global y plantea un desafío significativo para la FIFA en sus intentos de modernizar el financiamiento de sus competiciones más importantes.







