La agencia espacial estadounidense anunció este miércoles, durante un encuentro en la Universidad de Chicago, el lanzamiento de la misión que se acercará como ninguna otra sonda antes al astro para estudiar in situ las características de su atmósfera (la corona), lo que se espera que mejore los pronósticos de los grandes eventos meteorológicos espaciales que afectan la vida en nuestro planeta.
La nave, rebautizada este miércoles en honor al astrofísico Eugene Parker, deberá enfrentar condiciones extremas, como una velocidad de aproximadamente 720.000 kilómetros por hora, grandes cantidades de radiación y temperaturas de más de 1.300 grados centígrados. «La aislación térmica que usan es carbono reforzado con fibras de carbono. Ya la vienen usando en otras misiones, porque cuando algo reingresa a la atmósfera terrestre llega a hasta 1.500 grados centígrados», explicó a Télam Eugenio Otal, doctor en física, experto en materiales e investigador del Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas para la Defensa (Citedef).
Si bien se trata de temperaturas similares a las que se experimentan en el reingreso a la Tierra, una de las diferencias es que la Parker Solar Probe deberá soportar ese calor durante mucho más tiempo (solo la llegada a su destino demorará siete años). De esta manera, el blindaje de carbono de la sonda -que se acercará a una distancia de solo 5,9 millones de kilómetros del astro, ocho veces más cerca de lo que cualquier otra nave espacial ha llegado antes- tendrá 11,43 centímetros de espesor.
La nave, que será lanzada entre el 31 de julio y el 19 de agosto de 2018, tiene un peso de 585 kilos, tres metros de altura y un díámetro máximo de 2,3 metros. Alimentada por energía solar, la sonda alojará paneles que se retraerán y se extenderán a medida que se acerque o se aleje del Sol durante las varias vueltas que dará alrededor del sistema solar interno, para asegurar que los paneles se mantengan a las temperaturas y niveles de potencia adecuados.
Fuente: Télam







