Lucas Fonzo creció entre parques nacionales junto a sus padres guardaparques y hoy trabaja en el Iberá, en Corrientes, donde también es docente.
Según su relato, de chico la naturaleza era parte de su rutina diaria. Para él y su hermano Matías, el patio de la casa era el Parque Nacional Los Glaciares, en Santa Cruz. Jugaban en los arroyos, recolectaban calafate y se metían al lago cuando llegaba el calor, a partir de noviembre. Fonzo recordó que aprendían de los guardaparques de la familia el nombre de las especies, la época en que aparecían las aves y cuáles migraban en invierno.
Su padre, Ceferino Fonzo, ejerció como guardaparque hasta su fallecimiento en 1988. Su madre, Laura Chazarreta, se retiró años atrás. Fonzo contó que acompañaba a su padre a monitorear los lagos, en recorridas a caballo y en caminatas por el bosque, y que lo que para su padre era rutina, para él era una aventura.
¿Cómo fue la vida de un guardaparque itinerante?
La profesión implica mudanzas frecuentes y adaptarse a ambientes muy distintos. Fonzo reconoció que ese desarraigo es uno de sus principales desafíos, ya que no siempre se puede echar raíces en un mismo lugar.
Su primera mudanza fue al Parque Nacional Lanín, en Neuquén. Después trabajó en el Nahuel Huapi, en el sudoeste de Neuquén y el noroeste de Río Negro; en el Parque Nacional Condorito, en Córdoba; en Laguna Blanca, en Neuquén, y en el Parque Nacional Pilcomayo, en Formosa. Según contó, al llegar a San Martín de los Andes, durante la secundaria, recorría hasta 15 kilómetros en bicicleta para llegar a la montaña.
Fonzo también dijo que, aunque vive lejos del glaciar Perito Moreno, sigue sintiéndose de allí. Esa conexión con los glaciares lo acompañó durante toda su trayectoria.
¿Por qué decidió hacerse guardaparque?
Fonzo se fue a Buenos Aires para estudiar la licenciatura en ciencias ambientales. Según su testimonio, en esa etapa entendió que lo que quería hacer ya lo tenía incorporado desde la infancia.
En 2022 se recibió de guardaparque y fue destinado a Pampalinda, en el Parque Nacional Nahuel Huapi, ubicado en la base del Cerro Tronador, entre Río Negro y Neuquén. Actualmente trabaja en el Parque Nacional Iberá, en Corrientes, donde comparte tareas con la guardaparque Laura Aréjola, a quien conoció en el Pilcomayo y que hoy es su esposa. Además, es docente de la carrera de guardaparque.
Según Fonzo, la conservación no requiere ser guardaparque. Sostuvo que alcanza con tener ganas de cuidar la naturaleza, y dio como ejemplo cuidar la plaza del barrio. También señaló que el trabajo exige esfuerzo físico, largas horas de campo y muchas veces soledad, pero que siempre aparece algo que recuerda por qué lo hace. Ese algo, dijo, es su hija, que hoy disfruta del río y de los bosques como él lo hacía de chico.
Fonzo, de 43 años, aseguró que si pudiera hablar con su yo de chico le diría que persiga lo que sueña, siempre que lo sienta de verdad.







