El filme empieza arriba: bailarines enfundados en ropa de colores primarios para instaurar desde el vamos el impacto vital del musical claśico hollywoondense, género-tierra prometida, donde la gente de a pie puede derrotar al realismo y cumplir sus sueños, aún a riesgo de perderse en el cielo de las estrellas fugaces.
La historia de chico-conoce-chica, sufridos aspirantes a artistas en Los Ángeles, meca y calvario de sueños, que otra vez vuelve a rendirse un auto homenaje, como sucedía en «El artista», de Michel Hazanavicius, no tiene mucho de especial. Los impecables números musicales en plano secuencia, capaces de ir cantando y danzando el ciclo de un romance, con brillante introducción, nudo centellante e incierto desenlace, tampoco descuellan.
En paralelo a la trama romántica, parece desarrollarse otra película más cercana al melodrama, sobre cómo el mercado aplica su letal sentido común para domesticar anhelos y convertirlos en premios consuelo, pero lauros al fin, firme en su misión de que nada se pierda y se aproveche, no reviste un particular encanto.
La creación de Chazelle, director de la festejada «Whiplash», ya tiene 14 candidaturas a la estatuilla dorada, cifra récord compartida con «La malvada» (1950) y «Titanic» (1997) y suena como firme candidata a quedarse con varias de ellas en la velada del domingo 26 de febrero.
Fuente: Télam







