«Desgraciadamente, no va a celebrarse este año. Me siento rara, porque siempre por estas fechas estoy entrenando como un ángel», manifestó la modelo Shanina Shaik en diálogo con The Daily Telegraph, quien participaba del desfile hace ya cinco ediciones, luciendo los mejores conjuntos de lencería de Victoria’s Secret y de la línea Pink, dedicada a un público más adolescente.
El último desfile de la firma fue celebrado el 8 de noviembre y tuvo pocos espectadores, 3,3 millones, cuando en ediciones anteriores la cifra ascendía a los 10 millones.
En una era liderada por el movimiento #MeToo, desde el The Business of Fashion habían manifestado que la «sociedad había cambiado pero Victoria’s Secret no». Las mujeres se movilizaban por todo el mundo reclamando sus derechos reproductivos, el fin de los femicidios o una sentencia justa contra los violadores, y la firma lencera seguía lanzando besos a la cámara desde el backstage. Esto se sumaba a la constante cosificación de los esculturales cuerpos de las modelos, sometidas a estrictos entrenamientos y dietas para llegar al día del desfile.
Unos de los principales motivos del abandono del gran show es la falta de diversidad, tanto en la pasarela, como en las campañas, ya que dejan afuera a mujeres de talles grandes y a modelos trans.
Así mismo, Victoria’s Secret lleva más de un año con dificultades financieras, y en 2018 perdió casi el 50% de su valor.
Fuente: Infobae







