NUEVA YORK.- En una iniciativa de alto voltaje político, el secretario general de la OEA, Luis Almagro, desautorizó sin sutilezas al gobierno venezolano, al que acusó de estar al borde de la «ilegitimidad», y ensayó una apuesta arriesgada, al forzar a los países miembros del organismo a adoptar una postura a favor o en contra de Nicolás Maduro .
Se trató de la primera vez en la historia que un secretario general invoca la llamada Carta Democrática sin el pedido expreso del gobierno del país involucrado. «En Venezuela se perdió la finalidad de la política», escribió Almagro. «Se olvidó de defender el bien mayor y colectivo de largo plazo sobre el bien individual de corto plazo», completó el uruguayo.
La respuesta de Maduro no se hizo esperar y fue sin ningún tipo de sutilezas. «Métase su carta por donde le quepa», dijo el presidente, que llamó a una «rebelión nacional» contra la OEA .
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Almagro hizo varias recomendaciones para superar la crisis en Venezuela. La principal fue realizar este año el referéndum revocatorio contra Maduro, al que culpó, directa o indirectamente, por la crítica situación institucional, social, económica y humanitaria del país. Según Almagro, esa consulta es el único camino para poner fin a la crisis institucional por «la legitimidad que otorga el pueblo».
«Las soluciones políticas, a la hora de la verdad, las da el pueblo en las urnas», indicó Almagro. Luego, en un mensaje directo a Maduro, continuó: «El hecho de llamar a un revocatorio conforme a la Constitución no es ser golpista, ser golpista es anular esa posibilidad constitucional de que el pueblo se exprese. O diferirla. O ponerle obstáculos.»
Almagro invocó la Carta Democrática de la OEA para solicitar una «sesión urgente» este mes del Consejo Permanente para que constate si existe una «alteración del orden constitucional» en Venezuela. Es una movida sin precedente: nunca antes un secretario general recurrió a ese mecanismo sin la venia del gobierno del país involucrado. El Consejo podría, a su vez, llamar a una sesión extraordinaria de la Asamblea General, que podría llegar a suspender a Venezuela en la OEA con el voto de 24 de los 34 países miembros.
Además de aislar aún más al gobierno de Maduro, esa decisión acarrea costos concretos, como, por ejemplo, la suspensión de los créditos de organismos internacionales.
El informe de Almagro describe en profundidad la crisis de Venezuela, desde la gravísima situación en los hospitales y la escasez de alimentos hasta el encarcelamiento de figuras políticas de la oposición, la censura en los medios, las denuncias de corrupción y la injerencia del gobierno en la justicia.
Hay, repartidas en varias páginas, duras críticas a Maduro. Almagro tildó a su gobierno de «represor» y «totalitario», dijo que las protestas sociales fueron provocadas por «la percepción de la falta de ética pública de los gobernantes» y sostuvo que «abanderarse de una causa tan noble como la justicia social y la inclusión no puede constituir jamás un cheque en blanco para actuar sin ética, para el beneficio de una parte de la sociedad».
Y en una de sus líneas más ásperas, al hablar de la pérdida del bien mayor y colectivo, agregó: «El político inmoral es aquel que pierde esta visión porque lo único que le interesa es mantenerse en el poder, a costa de la voluntad de la mayoría».
Fiel a su estilo, Maduro respondió con un discurso en Caracas por cadena nacional y acuso a Almagro de querer poner en marcha «una intervención gringa».
La decisión de Almagro fue recibida con beneplácito en Washington. Muchos ansiaban, desde hace mucho tiempo, una intervención más decidida de la OEA, algo que nunca ocurrió durante la década de José Miguel Insulza al frente del organismo. Analistas, diplomáticos y organismos de derechos humanos respaldaron la movida de Almagro, que forzará a cada uno de los gobiernos de la región a votar a favor o en contra de Maduro.
«Va a forzar a los políticos regionales que han huido de este tema a tomar una posición», dijo a LA NACION Peter Schechter, del Consejo Atlántico. «Espero que Almagro haya contado muy bien los votos. La OEA no puede arriesgar una situación en donde pierda esta contienda», agregó.
Juan Carlos Hidalgo, analista del Instituto Cato, un centro de estudios libertario que ha tenido una postura muy crítica hacia el chavismo, dijo que la decisión de Almagro llevará a que los países del hemisferio «no tengan donde esconderse».
«El silencio cómplice que han guardado muchos gobiernos por mucho tiempo tendrá que dar paso a una decisión de votar a favor o en contra de la suspensión de Venezuela en la OEA», describió.
La cancillería argentina, sin embargo, no coincidió con el planteo de Almagro y propuso una alternativa a la invocación de la Carta Democrática, más conciliadora que la del secretario general.
Fuente: Lanacion.com.ar







