Ante el tribunal de Gualeguaychú que juzga a Nahir Galarza por el homicidio de Fernando Pastorizzo, dos profesionales de la salud mental coincidieron en señalar el claro rasgo obsesivo que caracteriza a la acusada. Pero, por lo demás, describieron a dos Nahíres diametralmente opuestas.
Uno, el psiquiatra oficial que entrevistó a la acusada una vez que quedó detenida, afirmó que la chica, de 19 años, sabía qué había hecho y cuáles eran las consecuencias de ello, y evaluó que no experimentaba ni rasgos típicos de enfermedad mental o síntomas de estrés postraumático atribuibles a una situación de violencia de género como la que dice haber sufrido a manos de la víctima, y a la que su defensa atribuye un vínculo causal con el crimen.
Otra, la psicóloga contratada por los abogados de Galarza, en cambio, sostuvo que Nahir tiene síntomas de depresión y autodestrucción -expresados en hipersexualidad y mala alimentación-, indicadores moderados de trastornos esquizoides producto del deterioro de su personalidad y de hechos traumáticos de la infancia, e indicadores de haber recibido violencia de género y haber sido violada. Agregó a ese vademécum, además, que la chica pudo haber sufrido un brote psicótico antes de matar a Pastorizzo, con quien sugirió que tenía un «vínculo afectivo» aunque «no eran novios». Concluyó que la chica estaba «al límite del desborde emocional» y que lo que ocurrió -los dos disparos mortales a quemarropa- «fue un accidente».
Los fiscales y la querella cuestionaron duramente el testimonio de la licenciada en Psicología Alicia Yolanda Paday, que puso sobre la mesa todos los elementos que sostiene la defensa de Galarza para evitarle una condena a prisión perpetua haciendo «caer» los dos principales agravantes: la falta de vínculo de pareja con la víctima y la ausencia de premeditación, desvirtuada por un trastorno de personalidad derivado de haber soportado años de abusos y violencia, quizás de la propia víctima.
Paday dijo ante el tribunal que Nahir le contó que había tenido uno de esos «frecuentes, pero reversibles episodios psicóticos» el día del hecho. «Me lo dijo ella con mucha vergüenza de que yo creyera que estaba loca», explicó.
«Elaboré un informe basándome en una selección de pruebas», explicó al tribunal. «Primero realicé una prueba de evaluación cualitativa, utilizando el método de Millon, el cual es infalible para evitar mentiras y ocultamientos. Se trata de un cuestionario de 600 preguntas. La aceptación de la prueba fue alta. Ella no mintió ni ocultó nada», afirmó la mujer, quien agregó que las pruebas comenzaron el 20 de marzo y que «la huella de esto no puede ser de menos de un año para acá».
Según Paday, «Nahir presenta una orientación en su conducta manifiesta que la protege de la angustia. Aparece como extraña, fría, excéntrica, distante, seria, favoreciendo incluso la fantasía que hay sobre ella. Cuando un sujeto tiene huellas de un largo sufrimiento, se muestra como el afuera lo quiere ver, con un bajo nivel de energía, pasivo, distante, retraído, como ocurre con Nahir».
En otro test, «El hombre bajo la lluvia», evaluó diferentes aspectos de la joven a través de una serie de dibujos. Paday dijo que el trazo de Galarza indica «el bajo nivel de energía, el desgano que tiene». Es «un trazo suave, propio de una persona con rasgos tendientes a una depresión. El dibujo está en el centro de la hoja. Generalmente los criminales lo hacen pequeño y en la parte superior derecha de la hoja. Este no es el caso. Y tampoco hay un trazo fuerte ni enérgico que dé la sensación de una persona violenta», resaltó.
Y continuó: «El sexo indiscriminado y la poca alimentación son patrones de depresión, de autoaniquilación y autodestrucción. Ella se pone en un lugar que la vuelve susceptible a la violencia del otro. La compulsión de mostrarse perfecta ante el otro es un signo clave. Trata de demostrar que ella no necesita nada. No demuestra nada por falta de confianza en el otro; es una forma de decir ‘no quiero sufrir más’ y de reprimir sus deseos», remarcó la psicóloga, a la vez que señaló que Galarza posee «falta de autonomía y mucha presión parental a ser perfecta. Es perfeccionista, pulcra, prolija. Obsesionada por esto».
Sobre los rasgos de su personalidad, dijo que «hay algunos más patológicos que otros», pero que no reúne las condiciones para un trastorno definido, ya que «con apenas 19 años, recién se están definiendo estas cuestiones».
Pero asimismo, afirmó que «existe conexión de estos rasgos con la cercanía a un trastorno esquizotípico. Es probable que los haya tenido breves brotes psicóticos, por los mecanismos defensivos que establece Nahir, más vinculados con los psicótico que con lo neurótico. Esto se debe a un deterioro de su personalidad, a hechos traumáticos que probablemente vienen desde la infancia».
Fuente: La Nación







