No pocos temen que allí la gran derrotada por el Brexit sea la paz tan trabajosamente obtenida veinte años atrás, después de sesenta y cinco de violencia crónica. Escocia e Irlanda del Norte se pronunciaron terminantemente contra el Brexit, que venció en la elección general con los votos de Inglaterra y Gales, muy trabajados por una creciente xenofobia ante la ola migratoria que repentinamente está llegando a Europa desde Asia y África.
Se le sumó además la convicción de que la baja en el nivel de vida producto de las políticas de austeridad se debía a la burocracia de «Bruselas» (la UE) y no a las decisiones de los propios conservadores. Esa noción fue hábilmente explotada por el eurófobo Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), de Nigel Farage, y el ala más ortodoxa del Partido Conservador, de Boris Johnson.
En Escocia, hasta ahora el Brexit alentó un nuevo referéndum independentista, cuya realización -en lo posible en 2018- fue promovida ayer mismo por el parlamento local a pedido de la ministro principal, la nacionalista escocesa Nicola Sturgeon.
En Irlanda del Norte, en cambio, el Brexit, que recogió allí un 56% de votos en contra, sacudió el sutil equilibrio electoral sobre el que se habían cimentado los acuerdos de paz del Viernes Santo de 1998.
Desde 1973, cuando el Reino Unido se integró a la UE, y en especial desde 1998, toda Irlanda del Norte -católicos y protestantes del único territorio insular británico que tiene límite terrestre con un país de la UE, la república de Irlanda- se benefició con el incremento del intercambio con Dublín, y disfrutó de importantes subsidios de la comunidad.
La cuestión se intensificó cuando, el 17 de enero, la primera ministra británica, Theresa May, prometió -para luego retroceder un tanto- un «Brexit duro», combinación explosiva en Irlanda del Norte: salida completa del mercado único, y fin de los subsidios y de la libre circulación personal.
Las negociaciones para la formación de gobierno están empantanadas, y Londres ya advirtió que si los políticos norirlandeses no encuentran una solución suspenderá la autonomía de la provincia. Con una frontera renacida y semejante vacío de poder, los elementos más radicalizados de cada comunidad podrían terminar siendo los grandes ganadores en Irlanda del Norte.
Fuente: Télam







