Eran las ocho de la noche del 16 de agosto cuando Lorelei y su novio Germán aterrizaron en Ezeiza luego de unas distendidas vacaciones en Miami.
Agotados del viaje, cargados con cinco valijas, hambrientos y con ganas de dormir, pidieron un Uber a través del celular para que los lleve hasta la casa de la abuela de Germán, en Ramos Mejía, donde pasarían la noche para al día siguiente tomar otro vuelo hasta Mar del Plata, donde viven ambos jóvenes.
Lo que sería un viaje de paso se convirtió en una pesadilla de la que Lorelei, de 21 años, aún sufre las consecuencias.“Yo no me manejo en Buenos Aires. Supuse que tomarnos un taxi desde Ezeiza podía ser peligroso, así que tomamos un Uber.Durante el viaje el conductor estuvo lo más bien, era un pibe joven con el que nos entendíamos, fuimos charlando casi todo el viaje”, comenzó a relatar a minutouno.com.
Cuando llegaron al domicilio, el chofer llamado Juan bajó las valijas del baúl del auto, según los jóvenes, un poco apresurado. “Esta es la última”, les dijo y sin siquiera poder reaccionar, el auto desapareció.
Cuando volvieron a mirar las valijas se dieron cuenta que faltaba una: la más grande. “Ya nos había llamado la atención porque nos cobró el viaje con efectivo además de la tarjeta. Nos dijo que como Uber no estaba legalizado, había problemas y se estaban manejando con efectivo. Esa fue la primera estafa”, contó Lorelei.
“Apenas entramos al domicilio intento contactarme con Uber, pero no cuenta con asistencia al cliente asi que tuvimos que esperar a que me respondan un mail donde me mandaron el celular del chofer. Insólito, pero fue así”, continuó la joven víctima.
Lorelei y Germán lo llamaron una, dos, tres veces sin éxito hasta que ella lo agregó al whastapp. “Le empecé a escribir porque lo vi en línea y me bloqueó. Si hubiera sido un descuido me contesta y me lo devuelve. Era claro que se la había llevado a propósito”, explica la chica.
Sin contar con la contención de la empresa, los jóvenes comienzan a buscar por todos lados los datos del chofer hasta que logran dar con su nombre, dirección y patente del auto. “Listo, ahora hacemos la denuncia y lo escrachamos”, dijeron.
Una vez en Mar del Plata Lorelei se acercó a la comisaría 2 de la ciudad balnearia donde le tomaron los datos pero le dijeron que no podían hacer nada al respecto y que iban a pasar la información a la comisaría de San Justo.
“¿San Justo? me pregunté. Llamé a San Justo y me dijeron que no tenía que llegar ahí sino a Ramos Mejía, entonces llamé a la de Ramos y me dijeron que no tenían nada. La denuncia se perdió. No sé que pasó, es increíble”, relató.
Fuente: Minuto Uno







