La disputa entre Máximo Kirchner y Axel Kicillof por la conducción del peronismo bonaerense representa una interna de menor escala comparada con enfrentamientos históricos del movimiento, según analizó el escritor y analista político Martín Rodríguez. Este conflicto emerge en un contexto dominado por el gobierno de Javier Milei, donde el control del dólar y los cambios en el mundo del trabajo configuran el escenario político argentino.
A diferencia de las disputas clásicas del peronismo entre renovadores y verticalistas, o entre figuras como Carlos Menem y Eduardo Duhalde durante los años 90 y 2000, la confrontación actual entre Kirchner y Kicillof carece de densidad programática. Ambos dirigentes comparten buena parte de su recorrido político, por lo que las diferencias no responden a modelos de país contrapuestos ni a proyectos económicos claramente definidos, sino al control de las candidaturas y a quién ejerce la conducción partidaria. El punto central de la disputa gira en torno a la relación con Cristina Fernández de Kirchner, quien busca conservar su papel de electora dentro del peronismo y mantener la capacidad de definir candidaturas desde su espacio de referencia, simbolizado en el Instituto Patria y San José 1111.
Rodríguez ubicó a Sergio Massa como la última figura que expresó una disidencia peronista con volumen propio en Buenos Aires. Su irrupción electoral en 2013 con el Frente Renovador puso en agenda temas como seguridad e impuesto a las ganancias, representando a sectores medios y populares del área metropolitana. Con el tiempo, Massa redujo su margen de acción y pasó a cumplir un papel de articulador político, dispuesto a dialogar con otros sectores. Una eventual candidatura competitiva de Massa dependerá de cómo evolucione la interna y del respaldo directo de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner.
En cuanto al contexto nacional, Rodríguez señaló que el gobierno de Milei atraviesa crisis políticas sin costos inmediatos porque conserva una herramienta de gobernabilidad en el control del dólar, factor que se combina con una baja de la inflación. Sin embargo, aclaró que este dato no describe una mejora general de la economía. La expansión del trabajo por aplicaciones modificó la forma en que se atraviesan las crisis sociales, alterando también la relación entre dirigencia y sociedad. Muchas personas hoy combinan tareas, horarios y empleos sin una relación laboral estable, fenómeno que contrasta con los movimientos de desocupados de 2001.
Finalmente, el analista advirtió que si el conflicto entre Kirchner y Kicillof escala, el peronismo puede perder capacidad para ordenar una alternativa electoral. La política argentina perdió parte de su carácter federal, como evidenció la victoria de Milei en provincias donde no contaba con una organización electoral amplia. Según Rodríguez, el peronismo necesita volver a discutir los problemas concretos de la sociedad y no solo los conflictos internos entre sus dirigentes, en un contexto donde la dirigencia se encuentra cada vez más alejada de la realidad social.







