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Sociedad

Paradas colapsadas por el paro de colectivos: “Estoy hace más de una hora y no pasa nada”

El jueves comenzó con un escenario de crisis en el transporte público del Área Metropolitana de Buenos Aires. La Unión Tranviarios Automotor (UTA) implementó una retención de tareas en rechazo a la falta de pago de salarios de marzo en determinadas empresas. El resultado fue inmediato: paradas saturadas, filas interminables y pasajeros atrapados en la espera, algunos durante más de una hora sin lograr subir a un colectivo. "Estoy hace más de una hora esperando y no pasa nada. Hace frío, tengo que ir a trabajar y no tengo otra opción", relataba Carolina Peralta, de 34 años, desde la parada de Liniers, reflejando la frustración generalizada de los usuarios.


En Liniers, el panorama se tornó crítico desde las primeras horas. A las 7 de la mañana, las filas no avanzaban sino que crecían exponencialmente. Sobre la calle Francisco de Viedma, la cola se extendía desde la parada, atravesaba la salida de la estación y llegaba hasta los molinetes. Quienes bajaban del tren se encontraban con una escena completamente saturada, debiendo volver a ingresar a la estación para ubicarse al final de filas que daban hasta tres vueltas. Mariano Funes, empleado de comercio de 41 años, describía la situación con desánimo: "Estoy desde las 6.23 y no avancé casi nada. Ayer pasaban colectivos, llenos, pero pasaban. Hoy directamente no aparecen. Y cuando aparece uno, sigue de largo".


La situación varió según las zonas del AMBA. En algunos puntos cercanos a Rivadavia, los colectivos circulaban con demoras de unos 20 minutos pero llegaban, permitiendo que las filas se formaran y desarmaran con mayor rapidez. Sin embargo, en Once y Constitución el panorama era diferente: paradas inusualmente despejadas no por ausencia de pasajeros sino por falta de unidades, generando una sensación de paralización total. "Ayer era un caos de gente, pero había movimiento. Hoy es como que está todo frenado", explicaba Daniel Sosa, de 51 años, desde Once. En Constitución, la tensión era palpable: bocinazos aislados, discusiones por los lugares en la fila y quejas en voz alta marcaban el ritmo de la espera.


La incertidumbre fue uno de los factores más agravantes de la jornada. Muchos pasajeros no estaban informados sobre el paro y salieron de sus casas sin conocer la magnitud del problema. "Salimos como todos los días, sin saber nada del paro. Recién vimos la lista y el 19 está. Ese es el que tomamos siempre", contaba Mariana Maidana, de 37 años, junto a su pareja y su hijo, varados sin claridad sobre cuándo podrían completar sus viajes. La falta de información contrastaba con la frustración de quienes sí conocían la medida pero igualmente fueron afectados por la magnitud del colapso.


Las reacciones de los usuarios fueron diversas. Mientras algunos manifestaban enojo directo contra empresas y autoridades, otros mostraban comprensión hacia el reclamo de los trabajadores. "Sí, es un lío, pero se entiende. Estoy de acuerdo con el paro, no solo por ellos, sino también por los usuarios, que cada vez pagamos más y el servicio sigue siendo igual de malo", señalaba Javier, de 24 años. Sin embargo, la mayoría coincidía en que el perjudicado final era siempre el ciudadano común, atrapado en un sistema que mostraba sus fragilidades.


El jueves evidenció que el problema del transporte no comenzó ese día. El miércoles ya había mostrado un sistema tensionado por la reducción de frecuencias vinculada al aumento del costo del gasoil. La retención de tareas del jueves simplemente agravó una situación ya crítica, revelando un escenario más frágil donde la espera se volvió más larga, la certeza más escasa y la frustración de miles de pasajeros alcanzó nuevos límites.

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