Medios AZ
Por qué Del Potro se convirtió en un jugador emocional
Deportes

Por qué Del Potro se convirtió en un jugador emocional

Juan Martín del Potro ya no vive en «piloto automático». Él mismo lo confiesa. Los golpes -y las cirugías- le templaron la personalidad, le alteraron la forma de asumir los riesgos, le mutaron el...

Juan Martín del Potro ya no vive en «piloto automático». Él mismo lo confiesa. Los golpes -y las cirugías- le templaron la personalidad, le alteraron la forma de asumir los riesgos, le mutaron el modo de vivir el día tras día. Pese a tener la experiencia de una primera operación -en la muñeca derecha, en 2010-, los tres ingresos en el quirófano por la otra mano lo hicieron tocar fondo. No hallaba soluciones; estaba perdido; estuvo cerca de retirarse. Hoy, casi milagrosamente, todo posee otro color. El público, sus rivales, los auspiciantes, los organizadores de los torneos y la prensa lo ponderan. Todo lo mágico que obtuvo en los últimos meses -la medalla plateada en los Juegos Olímpicos, vencer a Novak Djokovic y Rafael Nadal en Río, llegar a los cuartos de final en el US Open, escalar en el ranking- lo vivió con los ojos humedecidos y palpitaciones, con sensibilidad y felicidad. Ya no tiene 20 años, como cuando ganó el Abierto de los Estados Unidos. El 23 del actual cumplirá 28. Está más maduro, pero no sólo por la caída de las hojas del almanaque. Del Potro se convirtió en un jugador emocional.

«A los 20 años era más inconsciente en muchos sentidos. Cuando te pasan las cosas que me pasaron, la vida pasa por otro lado, no por una raqueta. Por suerte logré volver a jugar al tenis, que es lo que siempre amé. Pero hoy me siento libre en todo sentido. Por lo que pasé, veo las cosas de otra manera», le explica Del Potro a la nacion, en uno de los pabellones del estadio Emirates Arena, donde la Argentina intentará derribar al campeón vigente de la Copa Davis y alcanzar la final.

¿Qué influencia tuvo el aspecto mental para que Del Potro haya liberado los demonios? Muchísima. Patricia Wightman, licenciada en psicología y responsable del Departamento de Psicología del CeNARD, no duda: «Estuve en los Juegos de Río, acompañando a Braian Toledo, y hay una etapa en los deportistas, de los 19 a los 22 años, que son críticas, entre la adolescencia y la adultez. Él, en su momento y a mí juicio, se puso presiones que lo llevaron a tener lesiones. Trabajo mucho con deportes de combate, como el taekwondo y el judo, y las lesiones por las presiones son todo un tema».

Wightman, esposa de Gerry Wortelboer, el ex capitán del equipo argentino de Copa Davis en los ’80, añade con una particular mirada: «No sé qué tipo de médico visitó, seguramente uno muy bueno, ¿pero de golpe ya está curado? ¿O en realidad sucede que encontró el camino? Él está en una etapa en la que no defiende ranking y se sacó una de las tantas presiones de encima. Tiene la soltura para poder volar. Ama el tenis y se nota. Ya está libre. Se siente sin ataduras y no quiere que alguien o algo lo vuelva a atar».

Alegría de vivir. Ese concepto utiliza Wightman para describir al nuevo Del Potro. Es más, asegura que hoy le observa una fuerza de voluntad que mueve montañas. «El día que le ganó a Djokovic en Río -recuerda-, se quedó encerrado 40 minutos en un ascensor. ¿Y qué pasó? Esa situación, a otra persona, lo hubiera dejado groggy y con las piernas temblando. Pero él, con la alegría que tenía de estar vivo, se puso de pie y ganó. Además, el público lo elevó hasta la última nube del cielo».

La mente es el motor de los tenistas. Muchos coinciden que dentro del top 100 del circuito, la mayoría está entrenada de la misma forma y posee grandes cualidades técnicas, pero lo que marca la diferencia es la fortaleza psicológica. Iván Tcherkaski, un licenciado en psicología especializado en deportes, que trabaja con la primera de Alumni, automovilistas y golfistas de alto rendimiento, acompañó durante muchos años a las tenistas Gisela Dulko y Flavia Pennetta. Y, precisamente, sobre la italiana tiene una anécdota categórica: «A Flavia la acompañé el año pasado durante la gira previa al US Open porque estaba analizando la posibilidad del retiro, pero dudaba, no se decidía, hasta que antes de llegar a Nueva York, en un vestuario de Cincinnati terminó de redondear la decisión. ‘Es el último US Open. No le voy a avisar a nadie. Que se de en forma natural’, dijo. ¡Y después ganó el torneo y lo anunció! Es que ya estaba liberada, feliz, no tenía que darle explicaciones a nadie y veo un hilo conductor con Delpo. Se nota que se volvió a hacer amigo de su profesión. Se siente el jugador de la gente, cuando antes quizás no lo era porque le competía David (Nalbandian)».

Tcherkaski está convencido de que las cirugías marcaron a fuego al ex N° 4 del mundo: «Llegó a pensar que había perdido lo que le gustaba y sin embargo la vida le dio otra oportunidad y toma todo más relajado. También está más maduro; no es un chico de 19 años. Toma sus propias decisiones. Además, es un crack, porque la adaptación técnica que hizo en su revés es fabulosa y atípica para jugadores de su edad».

¿Del Potro puede volver a presionarse cuando esté en condiciones reales de pelear torneos cada semana? Wightman, con ilusión, dice: «Entiendo que no. Después de Río nunca va a volver a ser la misma persona. Fue demasiado glorioso, sacó el cuerpo del pantano. De acá en más va a esquivar las personas, los lugares y las situaciones que lo vuelvan a empantanar».

El nuevo Del Potro vive de emoción en emoción. «Ni ganando el título de 2009 sentí ese reconocimiento», le contó a la nacion, sobre la ovación que recibió antes de caer con Stan Wawrinka en el Arthur Ashe. Es evidente: disfruta, como nunca, lo que hace.

Fuente: Lanacion.com.ar

Más noticias