La muerte de Alejandro Zalazar, anestesiólogo del Hospital General de Niños R. Gutiérrez, desencadenó una investigación que reveló un circuito clandestino de sustracción de fármacos anestésicos. El médico fue hallado en su domicilio con una sobredosis de propofol y fentanilo, ambos medicamentos de uso intravenoso. Los análisis de trazabilidad determinaron que estas sustancias provenían del Hospital Italiano de Buenos Aires, lo que conectó su muerte con un caso mayor de robo de medicamentos controlados dentro de la institución.
La investigación judicial, a cargo del juez Javier Sánchez Sarmiento, identificó a dos profesionales de la Anestesiología del Hospital Italiano como principales imputados: Hernán Boveri, anestesiólogo con trayectoria en la institución y formación en la Universidad de Buenos Aires, y Delfina Lanusse, residente de tercer año en Anestesiología. Ambos han sido indagados y se les prohibió el contacto mutuo y salir del país. Boveri optó por no declarar, mientras que Lanusse realizó descargos verbales asegurando ampliarlos por escrito. El caso podría enmarcarse como hurto o administración fraudulenta, con penas de hasta seis años de cárcel.
Un rol crucial en la conexión entre ambas causas lo cumple Chantal Leclercq, conocida como "Tati", residente de tercer año en Anestesiología del Hospital Bernardino Rivadavia. Su testimonio formal vincula directamente a los protagonistas de ambas investigaciones, aunque no figura imputada. Según audios y mensajes de WhatsApp que circulan en ámbitos médicos, se describen encuentros privados donde se utilizaban anestésicos hospitalarios de forma recreativa, con la presencia de bombas de infusión y personal disponible para manejar complicaciones respiratorias.
Los allanamientos realizados por la División de Organizaciones Criminales de la Policía de la Ciudad en dos domicilios particulares (Cabrera al 4700 y Pueyrredón al 2400) permitieron secuestrar medicamentos anestésicos e insumos médicos clave para la trazabilidad. El propofol y el fentanilo son fármacos que requieren cuidadosa dosificación mediante bombas de infusión, y su administración indebida puede causar apnea, una depresión respiratoria severa que requiere asistencia ventilatoria inmediata.
El Hospital Italiano informó que realizó una denuncia interna y se puso a disposición de la Justicia para colaborar plenamente. La institución destacó que ninguno de los involucrados continúa desempeñando funciones en el establecimiento y que trabaja conjuntamente con la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires para fortalecer políticas de control y prevención. Un caso similar ocurrió con el enfermero Eduardo Bentancourt, hallado muerto en Palermo con ampollas de propofol y fentanilo en su domicilio.







