El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, decidió evitar una protesta diplomática formal contra la Argentina por el papel que tuvo el país en la salida de Flávio Bolsonaro hacia Estados Unidos. Aunque calificó el episodio como “vergonzoso”, no responsabilizó públicamente al gobierno de Javier Milei y optó por mantener el conflicto en un nivel acotado.
Flávio Bolsonaro ingresó a la Argentina el martes 27 de octubre a las 22.50 por el puente internacional Tancredo Neves, en Misiones, junto a su esposa y sus dos hijas. Cuarenta minutos después abordó un avión privado de Baires Fly en Puerto Iguazú, con destino declarado a Guayaquil, desde donde continuó viaje hacia Miami. Migraciones confirmó que la familia tenía documentación válida y no registraba impedimentos para ingresar al país.
La controversia se originó en Brasil, donde el juez del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes había ordenado retener los pasaportes del senador y prohibirle salir del territorio, en el marco de una causa por presunto lavado de dinero. La Policía Federal brasileña, además, informó que no tenía registro oficial de su salida.
Ante la situación, Itamaraty convocó a la encargada de negocios argentina en Brasilia, María Emilia Cortés, para solicitar información. Sin embargo, el encuentro duró apenas unos minutos y desde el gobierno brasileño lo definieron como un “procedimiento diplomático de rigor”, no como una reprimenda ni una protesta formal. La decisión de no profundizar el conflicto también quedó reflejada en el silencio de Lula sobre una eventual responsabilidad de Buenos Aires.
Según el análisis de especialistas consultados por Infobae, la estrategia brasileña responde a la intención de preservar los vínculos bilaterales, incluso en medio de las diferencias ideológicas entre Lula y Milei. También influye el peso económico de la relación: Brasil es el principal comprador de productos argentinos y concentra el 21,4% de las importaciones del país. Entre enero y septiembre de 2026, las exportaciones argentinas hacia ese mercado sumaron USD 9.789 millones.
El escenario fue definido por analistas como una posible “guerra fría” regional, con poco diálogo político y fuertes diferencias entre ambos gobiernos, pero sin una ruptura de los lazos comerciales. En ese contexto, los cancilleres Pablo Quirno y Mauro Vieira coincidieron en la cumbre del G20 en Atlanta y tienen previsto volver a encontrarse en la Cumbre Iberoamericana de Madrid, el 4 y 5 de noviembre.
Mientras tanto, el episodio también generó repercusiones en la Argentina. La oposición pidió interpelar al jefe de Gabinete, Diego Santilli, a la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, y al canciller Quirno para que expliquen las circunstancias del traslado. Por su parte, la Justicia de Misiones archivó la denuncia presentada por el caso.







