El psicólogo Gabriel Rolón sostiene una reflexión profunda sobre cómo experimentamos la felicidad en la actualidad (julio de 2026). En diálogo con LA NACION, afirmó que "la vida deja de tener sentido cuando alguien empieza a buscar la felicidad en el pasado", ya que esta tendencia funciona como una forma de evadir la responsabilidad de vivir plenamente el "aquí y ahora".
Para explicar su visión, Rolón propuso el concepto de "faltacidad", un neologismo que desafía la búsqueda tradicional de felicidad absoluta. Según sus palabras: "No existe la felicidad, existe la faltacidad. Que es una felicidad que es capaz de abrazar todas las faltas, ausencias, dolores y heridas". El especialista sostiene que cualquier intento de alcanzar una plenitud total está condenado al fracaso, ya que ignora la finitud inherente a la vida humana.
Este enfoque se extiende al terreno de las relaciones amorosas, donde Rolón critica la fantasía de la "media naranja". "Son naranjas que han perdido gajos por el camino. Nadie nos va a completar nunca", señaló. El psicólogo también advierte sobre los peligros de la esperanza desmedida, argumentando que "la esperanza te deja un poco incapacitado de jugar un deseo a la espera de que ocurran cosas que son más mágicas que personales". Para Rolón, el amor es un "invento maravilloso para engañar por un rato a la muerte", y su ejercicio saludable requiere renunciar conscientemente al poder sobre el otro.
En cuanto a la influencia de mandatos externos, Rolón enfatiza la importancia de liberarse de las voces ajenas que nublan el deseo personal. "El psicoanálisis es el arte de intentar que alguien no cumpla su destino", confesó el especialista. En lugar de perseguir una felicidad estática, propone una postura activa basada en el coraje de enfrentar el propio deseo, reconociendo que la verdadera felicidad es fugaz pero profunda.
Finalmente, Rolón define la felicidad como "ese momento de eternidad donde lo que fuiste, lo que querés ser, lo que te atormenta del pasado y lo que le temes al futuro coexisten". Esta perspectiva invita a los individuos a abandonar la nostalgia paralizante y abrirse a una vida plena en el presente, integrando tanto nuestras heridas como nuestras aspiraciones.







