Una tortuga laúd, la especie marina más grande del planeta, murió el miércoles en Villa Gesell tras sufrir una herida letal. El ejemplar fue rescatado el martes durante el feriado de Semana Santa, cuando turistas la avistaron flotando en la costa argentina. Los guardavidas alertaron a la Prefectura Naval Argentina, que contactó a la Fundación Mundo Marino para su atención. Desafortunadamente, la tortuga no resistió y falleció antes de que los veterinarios pudieran completar las maniobras de estabilización.
El diagnóstico fue desalentador desde el inicio. La tortuga presentaba una aleta gravemente dañada con huesos expuestos, una lesión que los especialistas sospechan fue causada por actividades humanas como redes de pesca, hélices de embarcaciones o colisiones directas. Al llegar a las instalaciones de Mundo Marino, se determinó que la herida había generado necrosis, complicando aún más su recuperación.
La tortuga laúd es un gigante marino sin comparación: puede superar los dos metros de largo y pesar más de 600 kilogramos. Sus dimensiones son comparables a las de un automóvil, y en el océano puede desplazarse a casi 10 kilómetros por hora, recorriendo más de 18.000 kilómetros durante sus migraciones. Se alimenta principalmente de medusas, peces pequeños y crustáceos, habitando los océanos Atlántico, Pacífico e Índico.
Lamentablemente, esta especie enfrenta una crisis sin precedentes. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza la clasificó como vulnerable hace más de una década, y las cifras son alarmantes: su población ha disminuido un 40 % en las últimas dos décadas. Las principales amenazas incluyen el atrapamiento en redes de pesca, colisiones con embarcaciones y la contaminación plástica de los océanos.
La situación es especialmente crítica en el Pacífico, donde estudios científicos registran una caída de aproximadamente 6 % anual en algunas regiones. En el Pacífico oriental, la anidación ha disminuido más de un 90 % en las últimas tres generaciones, con los principales sitios de reproducción en México y Costa Rica. Estos datos reflejan la urgencia de implementar medidas de conservación y reducir las actividades humanas que ponen en peligro la supervivencia de esta especie única.







