La psicóloga y escritora chilena Pilar Sordo conversó recientemente con LA NACION para analizar cómo ha evolucionado la comunicación humana y su impacto en la estabilidad emocional. Según Sordo, "venimos al mundo a conocernos, a desarmar lo que nos enseñaron, más a desaprender que a aprender cosas nuevas. Y en el aprendizaje, ese diálogo interno es una herramienta brutal de autoconocimiento y autocuidado".
Un fenómeno preocupante que Sordo identifica en la actualidad (2026) es que las personas utilizan menos vocabulario al hablar, lo que reduce significativamente su capacidad para expresar emociones y pensamientos internos. La especialista cita al psiquiatra español José Luis Marín para explicar que el ser humano se enferma por falta de palabras, particularmente cuando el intercambio de lenguaje es reemplazado por emoticones y mensajes superficiales, afectando la profundidad de los vínculos humanos.
Sordo señala que la falta de paciencia actual es un obstáculo fundamental: "Hemos ido reduciendo la paciencia, porque no solo me cuesta decirte lo que me pasa, sino que cada vez tú tienes menos paciencia para escucharme a mí". Esta dinámica impide generar conversaciones auténticas donde ambos participantes se sientan verdaderamente escuchados, transformando los diálogos en "monólogos intermitentes" sin capacidad de transformación mutua.
Tras ocho años de investigación, Sordo concluyó que el diálogo interno determina tanto el amor propio como la visión del mundo. La forma en que cada persona se habla a sí misma define cómo se relaciona con su entorno, cómo procesa duelos, establece su propósito de vida y expresa emociones. Si alguien se percibe como confiable y noble, proyecta esa confiabilidad en su ambiente; por el contrario, la autocrítica destructiva limita las posibilidades de bienestar.
La especialista también critica la exigencia social contemporánea de mantener una felicidad constante. Para Sordo, la incomodidad es la única verdadera invitación al crecimiento personal. El proceso de maduración implica una molestia que muchas personas evitan, pero es precisamente ese roce el que genera cambios reales. Sordo defiende el derecho humano a cambiar de opinión, equivocarse y retirarse de espacios donde no existe bienestar, considerándolo esencial para una vida auténtica.







