Una investigación presentada por la Facultad de Economía de la Universidad Nacional de La Plata (FCE-UNLP) demuestra que las experiencias negativas en redes sociales generan un aumento inmediato de ansiedad en adolescentes y jóvenes. El estudio, realizado por el Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (Cedlas) y elaborado por María Laura Alzúa, Azul Menduiña y Milagros Onofri, entrevistó a más de 500 estudiantes de primer año y comprobó que la calidad del contenido es tan crítica como el tiempo en pantalla.
El experimento de laboratorio expuso a los participantes a cinco escenarios negativos hipotéticos: publicar contenido sin interacciones, recibir comentarios agresivos, ver imágenes idealizadas con muchos "likes", encontrarse con videos de inteligencia artificial creados sin consentimiento, e ser ignorado por amigos. El grupo de control fue expuesto a contenido neutral como tutoriales de cocina. Inmediatamente después, se midió la ansiedad utilizando la escala STAI, una de las más reconocidas internacionalmente. Los resultados fueron contundentes: la exposición a escenarios negativos aumentó los niveles de ansiedad en más del 10%, un incremento significativo considerando que se trataba de situaciones completamente hipotéticas.
Un hallazgo sorprendente del estudio de 2026 es que los varones mostraron una respuesta emocional más intensa que las mujeres ante estos estímulos. Aunque las mujeres presentaron niveles de ansiedad basal más altos (3.9 puntos más que los hombres), el efecto del tratamiento fue mayor en los varones. Los investigadores sugieren que las mujeres podrían estar más habituadas a este tipo de experiencias digitales negativas, lo que generaría menores reacciones ante estímulos que ya forman parte de su cotidianidad en plataformas.
La muestra consistió en 506 estudiantes de primer año (50.2% mujeres y 49.8% hombres) con edad promedio de 19.8 años. Un dato relevante es que el 60% reporta pasar más de cuatro horas diarias en redes sociales durante la semana, cifra que sube al 72% los fines de semana. Las investigadoras destacan que incluso interacciones breves y ficticias pueden disparar aumentos en la ansiedad a través de canales situacionales agudos como la falta de validación social o la evaluación negativa.
Las conclusiones del estudio sugieren que las políticas centradas únicamente en reducir el tiempo total frente a la pantalla podrían ser insuficientes. En cambio, las intervenciones que abordan la naturaleza de las interacciones en línea, como la exposición a retroalimentación social, comparación y evaluación, podrían ser más efectivas para mitigar los efectos psicológicos negativos en adolescentes y jóvenes universitarios.







